El hombre siniestro
El hombre siniestro A la mañana siguiente, dando las once, el detective inspector Bickerson entraba en el despacho de su jefe, el superintendente Wille, quien le preguntó:
—¿Qué, amigo?
—¡Terrible, mister Wille! —respondió el otro—. Todo eso que cuenta la muchacha debe de ser un cuento chino. Estoy levantado desde las cinco de la madrugada. Como usted me dijo por teléfono, miss Marlowe habÃa declarado que el mayor Amery estaba prisionero en casa de mister Dame. Pero esa chica o está loca, o sueña. Yo he estado en casa de Dame antes de las ocho. Desde luego, el hombre habÃa estado bebiendo, porque aún estaba a medios pelos. He visitado el garaje; allà he encontrado, en efecto, que el suelo parecÃa haber sido removido en el centro recientemente, lo cual parece concordar con la declaración de miss Marlowe, pero yo he hecho remover aquel hoyo, pues por fortuna el yeso no estaba aún duro, y no hemos encontrado rastro de cuerpo alguno ni nada parecido.
—¿Y manchas de sangre? —preguntó Wille.
