El hombre siniestro
El hombre siniestro —He visto a Tupperwill esta misma mañana —respondió el detective Bickerson—. El banquero está medio chiflado. Le he preguntado a bocajarro si habÃa tenido algún contacto con la gente de Soyoka, o si en su banco habÃa alguna cuenta relacionada con esa banda, y he sacado la conclusión de que no sabe nada del asunto. He tenido la suerte de encontrarle fuera del banco, y me ha dicho que habÃa pasado la noche en Brighton, y aún no habÃa vuelto a casa.
—No acabo de entenderlo —dijo Wille—. Algo debe de haber. Ya sabe usted que se ha encontrado al empleado ese de Amery, el chino, medio muerto de una puñalada, cerca de la casa de los Dame. A propósito; ¿cómo está ahora?
—Mucho mejor. Según el doctor, ya está fuera de peligro, y dentro de unas semanas estará completamente restablecido. He querido interrogarle, pero el doctor no me ha autorizado. Ahora voy a ver a miss Dame, que al parecer va muy temprano a la oficina, y es posible que me encuentre allà al mayor Amery.
—¿Usted sigue creyendo que mister Amery es Soyoka. Bickerson?
—No, ya no, mister Wille. Ahora he rectificado. Comprendo que estaba en un error.
Bickerson encontró a Jessie en la oficina, con señales en el rostro de haber pasado una mala noche.