El hombre siniestro
El hombre siniestro —Buenos dÃas, miss Dame —saludó el detective—. DÃgame, ¿a qué hora volvió usted anoche a su casa? Bueno, supongo que me recordará, ¿no? Soy Bickerson, el inspector detective de Scotland Yard.
—SÃ, sÃ, ya le recuerdo —respondió la muchacha un tanto turbada—. Volvà a la una. Pensaba volver a las dos, pero estaba muy cansada y regresé antes.
—¿Ya qué hora ha salido usted esta mañana? Muy temprano, ¿verdad? Porque yo he estado a las ocho, y ya no la he encontrado.
—SÃ, he salido muy temprano.
En realidad. Jessie habÃa pasado toda la noche vagando por las calles, y si ahora estaba allÃ, en la oficina, era porque, al llegar, se habÃa encontrado una nota en la que le daban instrucciones terminantes sobre lo que tenÃa que hacer y decir si alguien preguntaba por ella, y que la habÃa llenado de terror.
—¿No encontró usted anoche a miss Marlowe encerrada en su casa, miss Dame?
—¿En mi casa? ¿A miss Marlowe? ¡No! —mintió Jessie dominando su temblor—. ¿Quién lo ha dicho? ¿Ella? ¡Ah, pues no es verdad!
—¿No está usted enterada tampoco de que el mayor Amery estaba encerrado en el garaje de su casa?
Jessie palideció, y tuvo que apoyarse con disimulo en un mueble, mientras preguntaba.