El hombre siniestro
El hombre siniestro —Pues ya lo sabe; en el garaje de los Dame no hay ningún cadáver, amiga mÃa, ni señales de que allà se haya cometido un crimen. En lo que sà tenÃa usted razón es en los detalles que nos ha dado de la situación del garaje y de la casa… y de que existÃa un hoyo en el suelo del garaje. El hoyo estaba lleno de tierra y de yeso. ¿No será que lo ha soñado usted, miss Marlowe? ¿No estuvo usted ayer en casa de los Dame?
—SÃ.
—¿Y dice usted que vio el hoyo en el garaje?
—En realidad, ayer no vi el hoyo, porque no entramos en el garaje; lo que vi fue a un hombre que salÃa del garaje con un azadón en la mano.
—¡Ah, ya! —exclamó el detective, en tono de triunfo—. Ya sé lo que le pasa a usted. Esto es una enfermedad nerviosa, cuyo nombre no recuerdo, pero que nos explicará luego el señor Hallam.
—Pues le juro que no soñé todo lo que vi anoche —dijo Elsa, a media voz—. Usted estaba con Jessie cuando yo he llegado. Ella puede confirmar lo que le digo.
—Pues, precisamente, miss Dame dice que nada de lo que usted asegura es verdad; que ni ella la encontró a usted encerrada en su casa, ni es cierto nada de lo que usted nos ha contado.