El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Usted cree que mister Stillman es el doctor Hallam? —preguntó de pronto Bickerson a su jefe.
—No sé qué decirle. De todos modos, creo que podremos poner algo en claro después de su visita al doctor Hallam.
Cuando Bickerson llegó a casa de Ralph, el criado le pasó al salón diciéndole que su amo estaba arriba, vistiéndose.
—«Pájaro nocturno», ¿eh? —comentó el detective, empleando el tono familiar y amable con que había sorprendido a tantos criados de buena fe.
Y diciendo esto, guiñó un ojo maliciosamente.
—Sí, señor —respondió el sirviente, sonriendo también con malicia—; vino muy tarde. ¡A las tantas! Parece que estuvo en un dancing, de cena fría. Venga al despacho.
Le llevó al despacho situado al final del pasillo, y le dejó solo, después de que Bickerson le dijera:
—Dígale que estoy aquí.
El detective se puso a examinar los estantes de libros. Luego, mirando a su alrededor, descubrió el abrigo de Hallam sobre un sillón, y unos zapatos a un lado.
Era evidente que el doctor había entrado allí anoche, al regresar a su casa.