El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Bien! Quédese usted vigilando la entrada. Yo voy a la cocina y por ahà dentro.
Jessie le vio desaparecer, muerta de espanto. Se oyó en seguida el ruido de la puerta de la cocina al abrirse, y una explosión que estremeció toda la casa.
—¡Pronto, haga el favor! ¡Venga! —gritó Bickerson, mientras el otro detective corrÃa hacia la cocina.
El hombre calvo y regordete yacÃa en el suelo, sobre un charco de sangre. A su lado se veÃa un revólver, cuyo cañón humeaba todavÃa.
—¡Llame inmediatamente a una ambulancia, y que venga con un médico! —ordenó Bickerson—. Aunque no creo que sea preciso… Y no deje entrar a esa joven.
No fue necesario explicar a la pobre Jessie lo que acababa de ocurrir.
Lanzando un grito horrible, la muchacha intentó entrar con violencia en la cocina, pero el detective la cogió con fuerza y la llevó al comedor.
Cuando llegó la ambulancia con el médico. Bickerson habÃa registrado los bolsillos de mister Dame, cuyo contenido estaba sobre la mesa.
—Está muerto —dijo el médico después de examinarle—. Se ha suicidado por temor a verse detenido, ¿no?