El hombre siniestro
El hombre siniestro —En efecto —repuso Bickerson con aire triste—. Seguramente nos ha visto por la ventana, pues yo he notado que se movÃa un visillo.
Elsa leyó la noticia en los periódicos de la noche, y de no haber sido por la pobre Jessie, que la habÃa sacado de su encierro, casi se hubiera alegrado de la muerte de Dame… el hombre que era culpable de las desventuras de Amery.
Miss Marlowe pensaba, cada vez con mayor firmeza, que el mayor no habÃa muerto. Durante todo el dÃa estuvo pensando en él, esperando que sonara el timbre, con el corazón anhelante. Y sólo cuando, ya a última hora de la tarde, vio que se habÃa quedado sola en el despacho, la pobre muchacha dio rienda suelta a su pena, y lloró con gran desconsuelo.
Al fin se levantó, se arregló en el cuarto de baño y salió a la calle cuando ya eran más de las siete.
De pronto, oyó que la llamaban y volvió la cabeza, encontrándose con el doctor Hallam.
—No vuelvo a Herbert Mansion —le dijo la muchacha.
—Ya lo sé —contestó el doctor—. He reservado una habitación para usted en el Palace Hotel, y Louise ha enviado allà todo su equipo.