El hombre siniestro
El hombre siniestro —¡Vamos, hombre, no te enfades! —dijo ella, sin dejar de reÃr—, ¡Los disgustos molestan mucho a tu pobre «cuñada»! ¡Anda, escrÃbeme ahà su nombre y sus señas! ¿Le has hablado de mÃ?
—SÃ.
—Bien. Entendidos. Y ahora, ¿cuál será mi recompensa, querido?
—¡Oh, mira, cuenta con el coche nuevo por supuesto! Pero déjame que insista en lo de Amery, que para mà es muy importante. Tienes que ir a verle. No tiene pérdida: es Wood Street, Amery Building. Allà verás a la muchacha, que trabaja en las oficinas como mecanógrafa. Se llama Elsa Marlowe. No puedes confundirte, porque parece un melocotón. ¡Y cuidado con Amery, que es listo como un lince!
—Bien. ¿Cuándo quieres que vaya?
—Hoy mismo. Habla con la chica. Dile que eres mi cuñada.
—Y viuda, desde luego. Mi pobre marido murió hace ya más de un año, porque mi nuevo vestido de la casa Poiret es bastante llamativo.
Trene Hallam se echó a reÃr.