El hombre siniestro
El hombre siniestro En la esquina de la calle donde vivía Elsa, las dos muchachas se separaron.
Mister Tarn no había vuelto. La asistenta que cuidaba de la casa, pues ellos no tenían criada, le dijo que mister Maurice había telefoneado diciendo que regresaría tarde y que no le esperara a cenar.
Elsa se alegró mucho de la noticia, pues no se sentía con fuerzas para proseguir la conversación de aquella mañana con el viejo.
El número 409 de Elgin Crescent era una casita de dos pisos; en la planta baja estaban el despacho, el comedor y las habitaciones del viejo; arriba, la alcoba y el gabinete de Elsa. Y a este refugio se retiró la muchacha en cuanto hubo cenado.
Su dormitorio era una bonita estancia, con un pequeño escritorio, un estante con bastantes libros, un cómodo sillón, que ella solía situar frente a la estufa de gas, y un aparato de radio, que deleitaba a la muchacha, sobre todo en las noches de invierno.