El hombre siniestro
El hombre siniestro —¿Amarle yo? ¡Le odio con todas mis fuerzas! —respondió la muchacha, sofocada.
—¡Me alegra oÃrla decir eso, amiga mÃa! ¡Muy bien dicho! Ese hombre es un cerdo, créame, un canalla, un hombre que es capaz de todo, de veras.
—De todos modos, yo no puedo hacer ciertas cosas —añadió la muchacha con altivez.
Dicho esto, salió del despacho con aire enojado.