El hombre siniestro
El hombre siniestro —Un chino —repitió el banquero brevemente—. Por cierto, que me parece que le conozco: es Feng Ho, el «guardia de corps» y hombre de confianza de un tal mayor Amery, un gentleman muy rico de la City.
Antes de que Hallam pudiera preguntar nada más al banquero, éste subió a su coche, el cual desapareció entre la nube de vehÃculos.
El chino se perdió en ese instante entre la multitud.
¡Feng Ho! ¡Un chino que resultaba ser un hombre de Amery! Ralph consultó su reloj, y al recordar que habÃa prometido hacer una visita aquella tarde a su mujer, detuvo un taxi.
Estaba pagando al chófer a la puerta de Herbert Mansion, cuando otro coche se detuvo a pocos pasos, y de él se apeó un hombre. ¡Era Feng Ho!
Esta vez. Ralph no dudó: cruzó la acera y se dirigió directamente hacia el chino, abordándole.
—¡Oiga! —dijo en tono incisivo—. ¡Tengo que hablar con usted!
El chino asintió en silencio, y Ralph continuó:
—Cuando he salido de Fornos hace un cuarto de hora, usted estaba en la puerta, a todas luces esperándome. No contento con esto, me sigue usted hasta aquÃ. A ver: ¿qué broma es ésta?