El hombre siniestro
El hombre siniestro —Creo que sÃ. De todos modos, eso es cosa que a usted no debe importarle.
—Pues sà que me importa, mister Tarn. Ya le he dicho que Elsa me es muy necesaria. No tardará mucho en ocupar el puesto de usted en la oficina, porque es una chica muy inteligente. Y ahora, déjeme aconsejarle que coja el barco. Una vez lejos de aquÃ, será usted un hombre feliz. Y si insiste en su idea de casarse, pronto encontrará en América a muchas chicas que se volverán locas ante la idea de casarse con un hombre de su fortuna. Y déjeme que le diga también que tiene usted una gran suerte en poder escapar… vivo.
—¿Qué quiere decir? —preguntó el viejo, aterrado.
—Quiero decir que hace usted bien en ponerse fuera del alcance de Soyoka.