EL Castillo de Otranto
EL Castillo de Otranto —Permanecà en esclavitud hasta hace dos años, cuando, sirviendo a mi amo en una expedición de corso, fui rescatado por un bajel cristiano que derrotó al pirata. Me di a conocer al capitán, quien me condujo generosamente al litoral de Sicilia. Pero, ah, en lugar de encontrar a un padre, supe que sus tierras, que se extendÃan por la costa, habÃan sido devastadas por el pirata que se nos llevó cautivos a mi madre y a mÃ. Su castillo fue incendiado y arrasado. Cuando regresó, mi padre vendió lo que le quedaba y entró en religión, en el reino de Nápoles, pero nadie pudo informarme del lugar preciso. Desamparado y sin amigos, sin esperanza de sentir el abrazo de un padre, aproveché la primera oportunidad para embarcar hacia Nápoles. De allà vengo caminando, hasta que hace seis dÃas llegué a esta provincia, sustentándome con el trabajo de mis manos. Y hasta ayer por la mañana creà que el cielo no me habÃa reservado más que paz de espÃritu y pobreza satisfecha. Ésta es, mi señor, la historia de Teodoro. Se han colmado mis esperanzas de hallar a un padre, pero me siento infinitamente desdichado por haber incurrido en el desagrado de vuestra alteza.
Calló, y entre los presentes se alzó un suave murmullo de aprobación.