EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Los matrimonios propuestos también le inducían a posponer sus planes. El principado de Otranto era demasiado tentador para dejarlo depender de la hipotética herencia de Matilda. Pero aún se resistía a volverse atrás de su compromiso y, decidido a ganar tiempo, preguntó a Manfredo si era verdad que Hippolita consentía en el divorcio. El príncipe, satisfecho por creer que ése era el único obstáculo, y sabiendo la influencia que ejercía sobre su esposa, dio toda clase de seguridades al marqués. Mientras discutían, se les informó de que el banquete estaba dispuesto. Manfredo acompañó a Federico al gran salón, donde fueron recibidos por Hippolita y las jóvenes princesas. Manfredo colocó al marqués junto a Matilda, y él se sentó entre su esposa e Isabella. Hippolita se comportó con tranquila dignidad, pero las jóvenes permanecieron silenciosas y melancólicas. Manfredo, decidido a continuar tratando de su asunto con el marqués durante el resto de la velada, prolongó el festín hasta hora muy tardía.

Fingía una alegría sin límites, y ofrecía un cubilete de vino tras otro a Federico.

Éste, más en guardia de lo que Manfredo hubiese querido, declinó sus frecuentes invitaciones, pretextando su reciente pérdida de sangre. Mientras, el príncipe, para elevar su propio espíritu turbado y aparentando despreocupación, bebió en abundancia, aunque no hasta el punto de ofuscar sus sentidos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker