EL Castillo de Otranto

EL Castillo de Otranto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sola en tan deprimente lugar, impresos en su mente todos los terribles acontecimientos del día, sin esperanza de escapar, aguardando la llegada en cualquier momento de Manfredo y muy intranquila sabiendo que estaba al alcance de alguien, no sabía quién, que por alguna causa parecía ocultarse en las inmediaciones: todos estos pensamientos se agolpaban en su atribulado cerebro, y a punto estaba de verse abrumada por sus aprensiones. Se encomendó a todos los santos del cielo, y en su fuero interno imploró su amparo. Durante un lapso considerable permaneció en una agonía de desesperación. Por último, con la mayor cautela posible, buscó a tientas la puerta, y una vez la hubo encontrado penetró temblando en la bóveda desde la que le habían llegado los sonidos del suspiro y de los pasos. Le produjo una especie de alegría momentánea percibir un incierto y nebuloso rayo de luna procedente del techo de la bóveda, que parecía haberse desprendido y del cual pendía un fragmento de tierra o de obra de albañilería, que no podía distinguir bien y que parecía haber sido aplastado hacia el interior. Se apresuró a avanzar hacia esa grieta, cuando distinguió una forma humana de pie junto al muro.

Gritó, creyéndola el fantasma de su prometido Conrado. La figura avanzó y dijo con voz sumisa:

—No os alarméis, señora, que no os haré ningún mal.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker