Enamórate de ti
Enamórate de ti La comparación constante con los demás deteriora la imagen corporal. Ya desde la infancia se marcan diferencias entre “los bonitos” y “los feos”, reforzadas por familias que valoran la apariencia física por encima de otras cualidades. En muchos hogares, los hijos que no encajan en el modelo de belleza son desplazados emocionalmente, aunque no explícitamente. Esta experiencia va dejando una marca: “no soy suficiente”, “no soy digno de afecto porque no soy bello”.
Con el tiempo, las personas se convierten en sus peores críticos. Examinan cada rincón de su cuerpo buscando fallas, magnificando imperfecciones, odiando partes que otros ni siquiera notarían. La preocupación por la imagen se convierte en obsesión. Se vive esclavizado por el reflejo en el espejo, por lo que piensen los demás, por el ideal de perfección inalcanzable que dictan los medios, la moda, las redes sociales.
Pero la belleza no tiene un estándar universal. Varía según el tiempo, la cultura, la historia personal. Lo que una generación consideraba hermoso, otra lo puede rechazar. Cada grupo social tiene sus propios filtros, y muchas veces son absurdos o crueles. Aun así, se siguen adoptando sin cuestionar.