El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Ya se lo explicará usted cuando vuelva —repuso Cossar empujándolo con la manaza extendida sobre su espalda…
—Son unos muchachos muy inteligentes —subrayó Cossar—, pero desprovistos de toda iniciativa. ¡Vaya con la prima Jane! La conozco. ¡Al cuerno todas las primas Janes! El paÃs se halla infestado de ellas. Supongo que tendré que pasarme toda la maldita noche vigilando que hagan lo que ellos saben muy bien que tienen que hacer. No sé si serán los trabajos de inves-tigación lo que los hace ser de este modo, o la prima Jane, o qué.
Apartó de su mente este oscuro problema, meditó unos momentos mirando su reloj y decidió que tenÃa el tiempo justo para dejarse caer en un restaurante a comer antes de salir en busca de yeso y de transportarlo a Charing Cross.