El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Siguieron carretera arriba, hasta llegar al portillo que habÃa en la cumbre de la colina, desde donde se divisaba la Granja Experimental. Allà se encontraron con un pequeño grupo de hombres con un fusil o dos —los dos Fulcher estaban entre ellos—, y uno del grupo, un forastero de Maidstone, permanecÃa algo destacado de los demás observando el panorama con unos prismáticos de teatro.
Estos hombres se volvieron y contemplaron al grupo capitaneado por Redwood.
—¿Algo nuevo? —preguntó Cossar.
—Las avispas van y vienen —contestó el viejo Fulcher—, pero no puedo ver si llevan algo.
—La enredadera amarilla ya se ha metido entre los pinos —dijo el hombre de los prismáticos—, y esta mañana aún no habÃa llegado allá. Se la puede ver crecer mientras se la observa.
Se quitó un pañuelo del bolsillo y limpió los lentes de los prismáticos con cuidadosa deliberación.
—Supongo que irán ustedes allà —aventuró Skelmersdale.
—¿Quiere venir con nosotros…? —dijo Cossar.
Skelmersdate pareció vacilar.
—La faena durará toda la noche.
Skelmersdale decidió no ir.
—¿Hay ratas por ah� —preguntó Cossar.