El alimento de los dioses

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V

El incidente mantuvo alerta al grupo expedicionario, pero no lo trastornó.

Metieron sus pertrechos en la casa, la cual, evidentemente, había sido saqueada por las ratas después de la huida de la señora Skinner, y cuatro de los hombres se encargaron de devolver los caballos a Hickleybrow. Arrastraron la rata muerta a través del seto hasta dejarla en posición tal que pudiera verse desde las ventanas de la casa, e incidentalmente se encontraron con un enjambre de tijeretas gigantes en una zanja. Estos animales se dispersaron precipitadamente, pero Cossar pudo alcanzar un número incalculable de patas y mató muchas tijeretas a taconazos y a culatazos. Luego dos de los hombres se abrieron camino a hachazo limpio a través de los tallos principales de la enredadera amarilla, en realidad enormes cilindros de más de cincuenta centímetros de diámetro, que surgían al lado del sumidero en la parte trasera del edificio. Y mientras Cossar ponía la casa en orden para pasar la noche, Bensington, Redwood y uno de los electricistas auxiliares se dirigieron cautelosamente a explorar los gallineros en busca de ratoneras.



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