El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Nos metimos en la madriguera. Vimos que iban a salir e intentamos cortarles la salida. Salieron a saltos… como conejos. Apuntamos y disparamos. Empezaron a correr de un lado para otro como locas, después de nuestro primer disparo, y, de repente, se nos echaron encima. VenÃan a por nosotros.
—¿Cuántas?
—Seis o siete.
Cossar siguió el sendero hasta el lÃmite del pinar y allà se detuvo.
—¿Quiere usted decir que cogieron a Flack? —preguntó alguien.
—Una de las ratas se abalanzó sobre él.
—Y usted, ¿no disparó?
—¿Cómo podÃa disparar?
—¿Todos llevan el arma cargada? —preguntó Cossar por encima del hombro.
Hubo un movimiento afirmativo.
—Pero Flack… —murmuró uno.
—¿Quiere usted decir que Flack…? —protestó otro.