El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Cossar era perfectamente capaz de arreglarse solo, desde luego.
De repente, Bensington vio algo que le hizo gritar sin que le saliera la voz:
—¡Ay!
En un instante tres ratas se habían proyectado hacia Cossar, saliendo de la oscura maraña de la enredadera. Durante tres segundos éste no se dio cuenta de su presencia, y en seguida se transformó en la cosa más activa que hubiera en el mundo. No disparó un tiro. Al parecer no tuvo tiempo de afinar la puntería, ni de apuntar siquiera. Bensington vio como se agazapaba ante el salto de una rata y cómo le aplastaba la nuca con la culata del fusil. El monstruo dio un brinco y giró sobre sí mismo, cayendo al suelo.
La silueta de Cossar se perdió de vista entre la hierba que más bien parecía cañaveral, y luego volvió a surgir, corriendo hacia otra de las ratas y volteando su fusil por encima de la cabeza. Un débil grito llegó a oídos de Bensington, y entonces percibió a las dos ratas restantes saliendo a escape en direcciones divergentes, mientras Cossar les perseguía hacia las ratoneras.