El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Luego se encontraron todos de pie, contemplando desde lejos la Granja Experimental, que estaba ardiendo. El humo y las llamas se desbordaban por las puertas y las ventanas y por centenares de rendijas y grietas en el techo, igual que una muchedumbre presa de pánico. ¡Qué bien sabía Cossar encender una fogata! Una gran columna de humo salió disparada hacia el firmamento, acompañada de rojas lenguas sangrientas y de raudos fogonazos. Era como si un enorme gigante se hubiese puesto de pie, alargándose hacia arriba y estirando bruscamente los brazos hacia el cielo. Volvió a caer la noche sobre ellos, ocultando por completo la incandescencia del sol que salía tras ella. Los habitantes de Hickleybrow se dieron cuenta muy pronto de aquel estupendo pilar de humo, y salieron hasta la cresta de la colina, con gran variedad de batas, para contemplar el regreso de la expedición.
Detrás de ellos, igual que un hongo fantástico, aquel pilar de humo oscilaba y fluctuaba, cada vez más alto, cada vez más arriba, hasta el cielo… dando la impresión de que la llanura era bajísima y todos los demás objetos eran nimiedades; y en primer término, conducidos por Cossar, los autores del asunto seguían el sendero, ocho pequeñas siluetas negras, marchando con fatiga, las armas al hombro, a través del prado.