El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Esos hombres de ciencia, ¿sabe usted?, carecen del sentido del humor, ¿sabe usted? Eso es. La ciencia… les mata el sentido del humor.
Sus bromas contra Bensington llegaron a ser malévolos libelos…
Una agencia de selección de recortes periodÃsticos, muy emprendedora, envió a Bensington un largo articulo que trataba de él, sacado de un semanario de seis peniques titulado «Un nuevo terror», ofreciendo proporcionarle un centenar de aquellas impertinencias por el precio de una guinea; y dos señoras jóvenes, encantadoras y muy guapas, totalmente desconocidas, fueron a visitarle, y ante la muda indignación de la prima Jane se quedaron a tomar el té con él y después le mandaron sus libros de autógrafos para su firma. Muy pronto dejó de irritarlo ver su nombre asociado a las más incongruentes ideas en la Prensa, y descubrir en las revistas artÃculos tratando del Alimento Estrella y de él mismo en tonos de la mayor intimidad, y por personas de las que nunca habÃa oÃdo hablar. Y cualesquiera que hubieran sido las ilusiones que abrigara en sus dÃas de oscuridad sobre los placeres de la fama, quedaron disipadas del todo y para siempre.