El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Le aseguro a usted que nos irá muy bien. Y hasta puedo decir… y no creo que sea un abuso de confianza… que es muy posible que yo sea nombrado miembro de esta comisión…
—¡Bah! —exclamó Redwood mirando la lumbre.
—Yo puedo arreglar las cosas. Puedo dejar perfectamente aclarado, en primer lugar, que el producto es controlable, y en segundo lugar, que sólo por milagro podrÃa repetirse otra catástrofe como la de Hickleybrow. Y esto es precisamente lo que se quiere, una completa seguridad dada por persona autorizada. Claro que yo podrÃa hablar con mucha más confianza si supiera… Pero precisamente ahora se presenta otro pequeño problema sobre el que deseo consultarlos a ustedes. ¡Ejem! Lo cierto es que… Bueno… Me encuentro con ciertas dificultades, y ustedes pueden ayudarme a resolverlas.
Redwood enarcó las cejas y se sintió muy contento.
—El asunto es… estrictamente confidencial.
—Prosiga —dijo Redwood—. No se preocupe por esto.
—Recientemente ha sido confiada a mis cuidados una niña, hija de… de un personaje muy elevado.
Winkles tosió.
—Adelante —dijo Redwood.