El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¡Por Júpiter! ¡Winkles no lo sabe…!
«Ese hombre no sabe nada. Ésta fue su caracterÃstica más exasperante cuando era estudiante. Nada. Aprobó todos sus exámenes sabiendo lo que tenÃa que saber, y ni una palabra más, como si fuera una estanterÃa giratoria de la Thimes Encyclopaedia. Y ahora ya no sabe absolutamente nada. Es Winkles, y como tal, incapaz de asimilar de veras nada que no esté relacionado de un modo directo e inmediato con su yo superficial. Carece por completo de imaginación y, en consecuencia, es incapaz de todo conocimiento. Probablemente nadie podrÃa haber aprobado tantos exámenes ni ir tan bien vestido, tan acicalado, y tener tanto éxito como médico, sin esa precisa incapacidad. Eso es. Y a despecho de todo lo que ha visto y oÃdo y se le ha explicado, ahà lo tiene usted… sin la menor idea de lo que ha puesto en marcha. Tiene la idea de explotar la fama, y está trabajando en el Alimento Estrella muy bien, y como alguien le ha dejado meterse en lo de esta infanta recién nacida… pues se siente más famoso que nunca. La Weser Dreiburg tendrá que enfrentarse con el gigantesco problema que representa una princesa de nueve metros de estatura, y él ni siquiera lo ha pensado, ya que carece de cabeza. ¡Es que no puede!
—Habrá un lÃo mayúsculo repuso Bensington.
—Dentro de un año, poco más o menos.