El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Casi estoy por decir —aventuró— que Caterham tiene razón, a veces. Esto va a destruir la proporción de las cosas. Va a dislocar… ¿Qué es lo que no se va a dislocar?
—Sea lo que sea lo que se disloque —dijo Redwood—, mi hijo menor debe seguir tomando el Alimento.
Oyeron a alguien que subÃa rápidamente la escalera, y en seguida Cossar asomó la cabeza por la puerta.
—¡Hola! —exclamó entrando—. ¿Qué pasa?
Le notificaron el asunto de la princesa.
—¿Problemas difÃciles? —dijo—. Ni por asomo. Claro que ella crecerá. Y su hijo también crecerá. Y todos los demás a quienes usted les dé el Alimento crecerán. Todos. Como cualquier otra cosa. ¿Qué dificultad ve en ello? ¡Si eso está muy bien! Un niño lo verÃa clarÃsimo. ¿Dónde está el problema?
Los otros dos intentaron aclarárselo.
—¿No continuar trabajando en esto? —chilló—. Pero ahora ya no es cosa de ustedes. Ustedes son los instrumentos. Como Winkles es también un instrumento. Todo está perfectamente. A veces me pregunté para qué servirÃa Winkles. Ahora es innecesario. ¿Cuál es el problema…?