El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Una vez pasado el susto producido por el enorme tamaño del pequeño Redwood, se podÃa ver que era, según dicen las personas que solÃan verlo a diario zumbando despacio en su coche por Hyde Park, un niño singularmente bonito y avispado. Rara vez lloraba o necesitaba que alguien lo confortara. Generalmente llevaba un gran sonajero en la mano, y a veces se dedicaba a saludar a los conductores de autobús y a los policÃas con quienes se encontraba a lo largo de su paseo y al otro lado de las rejas del parque con unos «¡Dadda!» y «¡Babba!» muy sociales y democráticos.
—Ahà va ese niño tan grande del Alimento Estrella —solÃa decir el conductor del autobús.
—Se lo ve saludable —hacÃa observar el pasajero del asiento delantero.
—Criado con biberón —explicaba el conductor—. Con un biberón que, según dicen, es de cuatro litros y medio y tuvo que fabricarse especialmente para él.
—Pues está muy sano, muy sano —terminarÃa diciendo el pasajero de delante.