El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Si se la suprimÃa mientras duraba el crecimiento, se presentaba primero una vaga sensación de molestia y de inquietud, luego un perÃodo de voracidad —como en el caso de las jóvenes ratas de Hankey— y luego el sujeto en crecimiento presentaba cierta especie de anemia exagerada, enfermaba y morÃa. Las plantas sufrÃan efectos similares. Esto, sin embargo, se aplicaba sólo al perÃodo de crecimiento. Tan pronto como se alcanzaba la adolescencia —en las plantas representada por la formación de los primeros brotes florales—, el apetito y necesidad de Heracleoforbia disminuÃan, y tan pronto como la planta o el animal habÃa llegado a la edad adulta, se hacÃa por completo independiente de cualquier provisión ulterior del Alimento. Quedaba, como si dijéramos, firmemente establecido en la nueva escala, firmemente establecido que, como los cardos de los alrededores de Hickleybrow y la hierba de la loma demostraban, las semillas producÃan retoños gigantes de la misma especie.
Y el pequeño Redwood, pionero de la nueva raza, primero de todos los niños que tomaron el Alimento, seguÃa arrastrándose por su cuarto, destrozando el mobiliario, mordiendo como un caballo, pellizcando como un depravado y vociferando pueriles silabeos a su «mamma» y a su asustado e intimidado «pappa», que era quien habÃa puesto en marcha el desaguisado.
El niño habÃa nacido lleno de buenas intenciones.