El alimento de los dioses

El alimento de los dioses

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II

Éstas fueron las circunstancias por las que el mundo tuvo la primera notificación de que el Alimento estaba libre otra vez. Al cabo de una semana, Keston Common se hallaba en el estado operativo que los naturalistas llaman centro de distribución. Esta vez no había avispas ni ratones, ni tijeretas, ni ortigas, pero había al menos tres esquilas, varias larvas de libélula que al poco tiempo se transformaron en libélulas, deslumbrando a todo el Kent con sus planeantes cuerpos de zafiro, y una asquerosa vegetación espumeante y gelatinosa que, rebosando los bordes de la ciénaga, enviaba su viscosas masas verdes y ondulantes por el sendero que iba a la casa del doctor Winkles, hasta mitad del trayecto. Y empezó también un crecimiento exagerado de juncos y equisetum y de potamogetón, que sólo tubo fin con la desecación de la charca.








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