El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —El indicador decÃa «Está en casa» gimió Bensington.
—¡Al demonio el indicador! Mejor que no me encuentren…
Y desapareció dando un portazo.
Bensington volvió a quedarse solo con sus iniciativas.
Y se metió debajo de la cama. Allà fue donde lo encontró Cossar.
Bensington estaba casi en coma de terror cuando fue descubierto, porque Cossar derribó la puerta con los hombros, habiendo tomado impulso desde la pared de enfrente del pasillo.
—Salga de aquÃ, Bensington —dijo—. Todo va bien. Soy yo… Tenemos que salir de aquÃ. Están incendiando el edificio. Los porteros huyen. Los criados ya se han ido. Por fortuna di con el único hombre que sabÃa dónde estaba usted… ¡Mire!
Bensington, atisbando desde debajo de la cama, se dio cuenta de que Cossar llevaba en el brazo unas ropas incomprensibles, y, aunque parezca increÃble, ¡un gorro negro de mujer en la mano!