El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Bensington obedeció.
—Está bien —añadió Cossar.
Y de esta forma fue cómo, tropezando con torpeza con sus desacostumbradas faldas, gritando imprecaciones mujeriles con una fantástica voz de falsete para mantener su papel y acompañado de la rugiente nota de una muchedumbre que se proponÃa nada menos que lincharle, el auténtico descubridor de la Heracleoforbia IV procedió a huir por el pasillo de Chesterfield Mansions, mezclado con aquella multitud desordenada e inflamada, y asà salió de la cadena de acontecimientos que constituye nuestra historia.
Después de aquella huida, ni una sola vez volvió a mezclarse en el estupendo proceso de desarrollo del Alimento de los Dioses el hombre que más habÃa hecho por su descubrimiento.