El alimento de los dioses

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III

El hombrecillo que puso en marcha todo este negocio desaparece de la historia, y al cabo de un cierto tiempo se desvanece enteramente del mundo de las cosas visibles y explicables. Pero como que fue él quien dio origen a todo lo que relatamos, será decoroso intercalar a su salida una página de atención. Podrá ser presentado, en sus últimos días, tal como la población de Tunbridge Wells lo conoció. Porque fue en Tunbridge Wells donde reapareció después de un oscurecimiento temporal, tan pronto como se dio cuenta cabal de lo transitorio, de lo absolutamente excepcional y carente de significado de aquella furia del tumulto. Reapareció bajo las alas de la prima Jane, tratándose a sí mismo por el descalabro nervioso sufrido, con exclusión de cualquier otro interés, y permaneciendo totalmente indiferente, según parece, a las batallas que hacían furor entonces alrededor de aquellos nuevos centros de distribución y alrededor de los Niños del Alimento. Bensington sentó sus reales en el hotel hidroterapéutico Mount Glory, donde se dan extraordinarias facilidades para toda clase de baños: carbonatados, creosotados, tratamiento galvánico y farádico, masaje, baños de pino, almidón y pinabete, baños de radium, luz, calor, salvado y hojas de abeto, baños de brea… toda clase de baños, y se dedicó por entero al desarrollo de este sistema de tratamiento curativo que quedó aún imperfecto a su muerte. A veces montaba en un vehículo de alquiler, bien abrigado dentro de su chaqueta de piel de foca, y otras veces, cuando sus pies se lo permitían, echaba a andar hasta el manantial, donde sorbía el agua ferruginosa bajo la mirada de su prima Jane.


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