El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Estamos felizmente situados —dijo dando una expresión mansa y sumisa a sus ideas—. Estamos en una fortaleza en lo alto de una montaña.
Por fin, se explicó:
—Estamos fuera de todo.
Porque él y su amigo habÃan estado conversando de los Horrores de la Época, de la Democracia, de la Educación Laica, de los Rascacielos, de los Automóviles, de la Invasión Americana, de las infectas Lecturas del Público y de la completa desaparición del Buen Gusto.
—Estamos fuera de todo eso —repitió. Y aún no habÃa acabado de hablar, cuando las pisadas de alguien que se acercaba llegaron a su oÃdo. Se volvió en redondo y la vio.