El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Es un niño inusualmente Grande —dijo a su madre con voz potente e instructiva—. Tendrá usted que tener con él cuidados extraordinarios, Caddles. Naturalmente, no seguirá creciendo a este paso alimentado con biberón, pero debemos hacer todo lo que podamos por él. Le mandaré más franela.
Fue el médico y midió al niño con una cinta métrica y se anotó las cifras en un cuaderno, y el anciano Drifthassock, que cultivaba la tierra en Up Marden, hizo desviarse tres kilómetros de su trayecto a un corredor de abonos para que fuera a verlo. El corredor preguntó la edad del niño tres veces y finalmente dijo que lo ahorcasen si lo entendÃa. Dejó que cada cual dedujera cómo y por qué tenÃan que ahorcarlo, pero parece que era a causa del tamaño del niño. También dijo que tendrÃan que llevarlo a un concurso de bebés. Y durante todo el dÃa, a la salida de la escuela, fueron presentándose niños y niñas que iban diciendo:
—Señora Caddles, ¿quiere dejarnos ver a su niño, por favor?
La buena mujer tuvo que cortar aquello por lo sano. Y en medio de aquellas escenas de asombro, compareció la señora Skinner y allà se quedó sonriendo, en último término, aguantándose los puntiagudos codos con sus descarnadas y nudosas manos, y sonriendo, sonriendo por debajo de la nariz, con una sonrisa de infinita profundidad.