El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —SÃ. Generalizada… que ataca todas las estructuras del organismo… todo el cuerpo. Puedo decir que, a mi juicio, y entre nosotros, estoy casi convencido de que se trata de eso… Pero hay que andar con cuidado.
—¡Ah! —exclamó el vicio, muy aliviado al encontrar que el médico estaba a la altura de la situación—. Pero ¿por qué será que está brotando de este modo por todas partes?
—Esto también es difÃcil de decir —repuso el médico.
—En Urshot. Y aquÃ. Es un caso clarÃsimo de diseminación.
—Sà —aprobó el médico—. Asà lo creo. Se parece a una epidemia. Probablemente se trata de una hipertrofia epidémica.
—¡Epidémica! —dijo el vicario—. ¿No querrá usted decir que es contagiosa?
El médico sonrió amablemente frotándose las manos.
—Eso sà que no podrÃa decirlo —dijo.
—¡Pero…! —exclamó el vicario, con los ojos como naranjas—. Si es contagiosa… pues… ¡puede afectarnos a nosotros!
Dio una gran zancada cuesta arriba y se volvió.
—¡He estado allÃ…! —exclamó—. ¿No será mejor que…? Voy a casa de inmediato y tomaré un baño y me fumigaré la ropa.