El alimento de los dioses
El alimento de los dioses El médico se quedó contemplando durante un momento cómo el otro se alejaba, luego dio media vuelta y se dirigió también a su casa…
Pero mientras iba andando reflexionó que ya hacÃa un mes que habÃa aparecido un caso en el pueblo sin que nadie más cogiera la enfermedad, y después de una pausa vacilante decidió mostrarse tan valiente como debe ser un médico y arriesgarse a lo que fuere como un hombre.
Y fue bien aconsejado por sus últimos pensamientos. El crecimiento era lo que menos podÃa ocurrirle a él. PodÃa haber comido Heracleoforbia —y el vicario también— sin que le sucediera nada. El crecimiento habÃa terminado para ellos. El crecimiento habÃa acabado con aquellos dos caballeros, para siempre.