El alimento de los dioses

El alimento de los dioses

Dijo a la señora Caddles que tenía un niño precioso y que se le parecía mucho, en inteligencia sobre todo… Después, la ignoró por completo. Al poco tiempo ella salió del granero… de puro insignificante que se encontró.

—Ahora que ha empezado usted a dárselo, tendrá que continuar, ¿sabe usted eso? —dijo Redwood a la señora Skinner.

Y volviéndose bruscamente hacia ella, añadió: No lo vierta por todas partes esta vez.

—¿Que no lo vierta, señor?

—¡Oh, ya sabe lo que quiero decir!

Ella indicó que lo sabía con gestos convulsivos.

—¿No ha dicho usted nada a la gente de aquí? ¿A los padres, al alcalde, a los de la casa grande, al médico, a nadie?

La señora Skinner sacudió la cabeza.

—Yo de usted no lo haría —dijo Redwood.


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