El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Se dirigió a la puerta del granero e inspeccionó lo que habÃa a su alrededor. La puerta del granero daba a una verja de cinco barrotes que salÃa a la carretera, entre la esquina de la casa y unas pocilgas fuera de uso. Más allá habÃa una alta tapia de ladrillos rojos cubierta de hiedra, alelÃes y otras plantas trepadoras y coronada por un alineamiento de vidrios rotos. Más allá de la esquina de la tapia, un gran anuncio, plenamente iluminado por el sol, se erguÃa entre las ramas verdes y amarillas y por encima de las suntuosas tonalidades de las primeras hojas caÃdas, anunciando que «Los que traspasen los lÃmites de estos Bosques serán Procesados». La oscura mancha en una brecha del vallado ponÃa de relieve un trecho de alambrada.
—¡Bah! —exclamó Redwood, y luego, en un tono más profundo—: ¡Hum…!