El alimento de los dioses

El alimento de los dioses

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Se puso a cavilar y el niño de los Caddles, su propio hijo y la progenie de Cossar se entremezclaron en sus cavilaciones.

Luego, bruscamente, se echó a reír.

—¡Buen Dios! —exclamó ante una idea que le cruzó la mente.

Se despabiló inmediatamente y, dirigiéndose a la señora Skinner dijo:

—Nadie debe torturarlo suprimiéndole el alimento. Esto, al menos, podemos evitarlo. Le mandaré a usted una lata cada seis meses. Esta cantidad debe ser suficiente para él.

La señora Skinner murmuró algo así como: «Si usted lo cree así» y: «Probablemente lo empaqueté por equivocación… Pensé que no había ningún daño en darle un poco», y con esto y con la ayuda de unos aspavientos indicó que comprendía.

Así, pues, el niño siguió creciendo.

Y creciendo.

—Prácticamente —dijo Lady Wondershoot—, se ha comido todas las terneras del lugar. Si tuviera sujetos como ese Caddles…


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