El alimento de los dioses
El alimento de los dioses El vicario no tuvo la menor intuición de lo que le estaba acechando tan cerca. Dio su acostumbrado paseo por Farthing Down, tal como lo había estado haciendo durante más de veinte años, y de allí se dirigió al sitio desde donde podría observar al joven Caddles. Subió la cuesta de la cantera resollando un poco… Hacía tiempo que había perdido su vigorosa zancada cristiana de otro tiempo, pero se encontró con que Caddles no estaba en su trabajo y luego, al dar un rodeo para no pasar por el matorral de helechos gigantes que empezaban a oscurecer y proyectar sus sombras sobre el Hanger, ahí vio a la enorme silueta del monstruo, sentado en la loma, como si estuviese meditando sobre la suerte del mundo. Caddles tenía las piernas encogidas y las rodillas levantadas, apoyaba la mejilla en la mano y tenía la cabeza algo ladeada. Estaba medio vuelto de espaldas, de modo que el vicario no pudo ver su mirada perpleja. Debió de haber pensado muy atentamente… Al menos, estaba sentado muy quieto…