El alimento de los dioses

El alimento de los dioses

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un enorme parapeto dominaba la cantera de pizarra, y en aquel parapeto se había edificado la casa, una monstruosa mole egipcia, achaparrada, que Cossar había construido para sus hijos cuando el enorme cuarto de los niños hubo sido considerado insuficiente, y detrás se levantaba un gran cobertizo que podía haber albergado una catedral, de cuya oscuridad salía de vez en cuando una intermitente incandescencia y un titánico martilleo ensordecedor. Luego volvió a fijarse en el gigante al ver que la gran pelota de madera forrada en hierro se desprendía de su mano para elevarse en el aire.

Los dos hombres se pusieron de pie, los ojos muy abiertos. La pelota parecía grande como un tonel.

—¡Cogida! —exclamó el recién salido de la cárcel, mientras un árbol le impedía ver al que había lanzado la bola.

Desde el tren se pudieron ver todas estas cosas sólo durante una fracción de minuto. Luego se interpusieron árboles el tren penetró en el túnel de Chislehurst.

—¡Dios mío! —volvió a exclamar el ex presidiario al hacerse la oscuridad—. ¿Cómo es posible? ¿Estaré soñando? ¡Si el tío ese es tan alto como una casa!

—Son los jóvenes Cossar —explicó el hermano moviendo la cabeza alusivamente—. De ahí es de donde viene todo el jaleo…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker