El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Aquà se dejó sentir una ráfaga de aplausos. DebÃan despedirse de toda vacilación, debÃan prescindir de las medias tintas.
—Hemos oÃdo decir, caballeros —grito Caterham—, de ortigas que se transforman en ortigas gigantes. Al principio no son nada diferentes de las otras ortigas… Pequeñas plantas que con una mano firme se pueden coger y arrancar, pero si se las deja crecer… si se las deja crecer, se desarrollan con un poder tan venenoso, que al final se necesita el hacha y la soga, se necesitan esfuerzos, trabajos y disgustos… Han perecido muchos hombres en la tala de las ortigas, otros hombres pueden perecer por el mismo concepto…
Hubo un revuelo y una interrupción y después el hombre recién salido de presidio oyó de nuevo la voz de Caterham resonando clara y recia:
—¡Aprended lo del Alimento Estrella del mismo Alimento Estrella, y coged la ortiga antes de que sea demasiado tarde! —Calló y se secó los labios.
—¡Claro como el cristal! —gritó alguien—. ¡Claro como el cristal!
Y entonces volvió a oÃrse aquel extraño rumor creciendo rápidamente hasta llegar a ser un tonante tumulto, tanto, que parecÃa que el mundo entero estuviese aplaudiendo…