El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Pero ¿no quieren ustedes tener una buena carretera recta en lugar de esos asquerosos senderos llenos de surcos y de hoyos?
—No diré que no sea muy ventajosa, pero…
—No hay que hacerlo —dijo el mayor de los Cossar recogiendo sus herramientas.
—De este modo, no —dijo el letrado—. En absoluto.
—¿Pues cómo hay que hacerlo?
La respuesta del abogado principal fue complicada y vaga.
Cossar habÃa ido a ver la travesura que sus hijos habÃan hecho y los recriminó severamente, pero se echó a reÃr a carcajadas y pareció sentirse muy dichoso con el incidente.
—Muchachos, debéis esperar aún algún tiempo antes de poder hacer cosas como ésta —gritó mirando hacia arriba.
—El abogado nos ha dicho que debemos empezar por preparar un plan y obtener autorización especial y toda una serie de monsergas… Dice que tardaremos años…
—Tendremos un plan antes de poco, hijito —gritó Cossar haciendo bocina con las manos—, no tengas miedo. Por ahora vale más que juguéis y hagáis modelos de las cosas que pensáis hacer. Más adelante todo se arreglará.