El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¡Pues adelante! —gritó el hermano mayor buscando una herramienta a propósito.
Y aquello produjo otra espantosa trifulca.
Al momento acudieron agitadas multitudes diciéndoles que parasen por un sinfÃn de razones, diciéndoles también que parasen sin motivo ni razón alguna, multitudes balbucientes, confusas y variadas. Aquel edificio que construÃan era demasiado alto: no tenÃa garantÃa alguna de estabilidad. Era feo; impedirÃa que se pudieran alquilar las casas vecinas de tamaño normal; echaba a perder la lÃnea del barrio; no era de buen vecino; era contrario al Reglamento de Edificación Local; infringÃa el derecho de las autoridades locales de imponer la distribución de una energÃa eléctrica propia, insuficiente y cara; y, por último, perjudicaba los intereses de la CompañÃa local del agua.