El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Los funcionarios del Municipio se despabilaron ante la posibilidad de ejercer una obstrucción judicial. El abogado reapareció representando una docena de intereses amenazados; terratenientes locales aparecieron en oposición; personas con derechos misteriosos reclamaron indemnizaciones exorbitantes; sindicatos del ramo de la construcción alzaron sus voces colectivas; un grupo de tratantes de toda clase de material para la construcción se transformó en una barrera infranqueable. Asociaciones extraordinarias de personas con visiones proféticas de los horrores estéticos se agruparon para proteger el paisaje del lugar donde había la intención de embalsar el río.
Estos últimos individuos eran absolutamente los más burros, según los chicos Cossar. Aquella hermosa vivienda proyectada por ellos fue algo así como un bastón en medio de un avispero.
—¡Nunca lo hubiese creído! —exclamó el mayor de los Cossar.
—¡No podemos continuar! —lamentó el segundo.
—¡Son unos animales indecentes! —protestó el menor de los hermanos—. ¿Es que no van a dejarnos hacer nada?
—Aunque sea por su propia comodidad… ¡Y una casa tan bonita como les habríamos hecho!