El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¡Una de sus huellas! ¿Ves? Ha profundizado casi un metro. Es un peligro latente para caballos y jinetes, una trampa para incautos. Hay un rosal silvestre tronchado, la hierba arrancada, una cardencha pisoteada, una acequia de granjero rota y el borde del camino hundido y estropeado. ¡Destrucción! Esto es lo que están haciendo por todo el mundo, destrozar el orden y la decencia que el mundo de los hombres ha hecho. Pisotearlo todo. ¡Reacción! ¿Qué otra cosa?
—Pero… reacción al fin. ¿Qué piensas hacer?
—¡Acabarlo! —exclamó el joven procedente de Oxford—. Antes de que sea demasiado tarde.
—Pero…
—No es imposible —exclamó el joven elevando el tono de la voz—. Queremos mano firme, queremos el plan sutil y la mente resolutiva. Hemos sido tÃmidos y débiles, hemos jugueteado y contemporizado y el Alimento ha ido creciendo más y más. Y, no obstante, todavÃa…
Se calló un momento.
—Eso es un eco de Caterham —dijo su amigo.