El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —Para un fin tremendo. ¿Y si no lo hacemos asÃ? ¿No ves el panorama que nos espera tan claro como la luz del dÃa? Los gigantes irán creciendo y multiplicándose por todas partes. En todas partes fabricarán y esparcirán el Alimento. La hierba se agigantará en nuestros campos, los hierbajos en nuestros actos y vallados, los bichos en los matorrales y los ratones en los albañales. Más, y más y más… Esto es sólo el comienzo. El mundo de los insectos se levantará contra nosotros, lo mismo que el mundo de las plantas, y hasta los mismos peces del mar harán embarrancar y zozobrar nuestros barcos. Una tremenda vegetación oscurecerá y ocultará nuestras casas, sofocará nuestras iglesias, arruinará y destruirá todo el orden de nuestras ciudades, y nosotros no seremos ya más que unos débiles bicharracos bajo los talones de la nueva raza. ¡El género humano se hundirá y se ahogará en sus propios engendros! ¡Y todo por nada! ¡Tamaño! ¡Simple tamaño! Engrandecimiento y da capo. Estamos buscando nuestro propio camino entre los comienzos de la nueva era. Y todo lo que hacemos es exclamar: «¡Qué inconveniente…!». Refunfuñamos y no hacemos nada. ¡No! Levantó la mano y prosiguió: