El alimento de los dioses
El alimento de los dioses Ágil y esbelta, ligeramente vestida, con la fresca brisa matutina moldeándole los sutiles pliegues de la ropa sobre las líneas suaves y firmes de sus formas, y con una gran masa de floridos ramos de castaño en sus manos. El escote de su traje dejaba ver la blancura de su garganta y una suave redondez sombreada que se perdía de vista hacia los hombros. La brisa le había descompuesto unas hebras de sus cabellos castaños con ribetes rojizos, que le rozaban la mejilla. Tenía los ojos azules y grandes, y sus labios descansaban en la promesa de una sonrisa… mientras estiraba el cuerpo entre las ramas.