El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¿El Alimento de los Dioses?
—SÃ, el Alimento de los Dioses.
—Pero…
Su semblante expresaba una perplejidad infinita.
—¿Qué es eso…? No comprendo. ¿El Alimento de los Dioses?
—¿No has oÃdo hablar de él?
—¿Del Alimento de los Dioses? ¡No! —La princesa se puso a temblar violentamente. El color huyó de su rostro—. No sé nada —dijo—. ¿Quieres decir…?
—¿No lo sabÃas? —repitió él.
Y ella contestó con asombro por el descubrimiento:
—¡No!
El mundo entero y todo el significado del mundo estaba sufriendo un cambio para ella. Una rama de castaño se deslizó de su mano.
—¿Quieres decir que hay otros gigantes en el mundo? —repitió estúpidamente—. ¿Qué alguna clase de alimento…?
Él se convenció de la sinceridad del asombro de la joven.
—Pero ¿no sabes nada? —exclamó—. ¿Nunca has oÃdo hablar de nosotros? ¿Tú, precisamente, a quien el Alimento ha hecho semejante a nosotros?
TodavÃa asomaba el terror en los ojos que lo miraban.