El alimento de los dioses
El alimento de los dioses —¿Y a quién puede importar lo que ellos puedan o quieran hacer? Yo soy tuyo y tú eres mÃa. ¿Qué hay más allá de esto? Yo soy tuyo y tú eres mÃa… para siempre. ¿Crees que voy a detenerme ante sus minúsculos reglamentos, sus prohibiciones, sus canelones encarnados? ¿Crees que voy a apartarme de ti?
—SÃ; pero ¿qué pueden hacer ellos?
—Quieres decir ¿qué vamos a hacer nosotros?
—SÃ.
—¿Nosotros? Pues continuar asÃ.
—Pero ¿y si buscan la manera de impedirlo?
Él cerró los puños y miró a su alrededor como si la gente pequeña estuviese ya llegando para ponerles trabas. Luego se apartó un poco y se quedó contemplando el mundo que le rodeaba.
—Sà —dijo—. Tu pregunta ha sido acertada. ¿Qué pueden hacer ellos?
—Aquà en este pequeño paÃs —dijo ella.
Él parecÃa inspeccionarlo todo.
—Están por todas partes.
—Pero podrÃamos…
—¿Qué?
—PodrÃamos irnos. PodrÃamos cruzar a nado los mares. Más allá de los mares…
—No he estado nunca más allá de los mares.